
En una nave del corcho o de la madera, la instalación de aspiración es el sistema circulatorio del edificio. Empieza en la campana de cada máquina, recorre el techo en forma de conducto, pasa por un ventilador que genera la depresión, separa el material en un ciclón, lo afina en un filtro de mangas y lo deposita en una tolva o en un contenedor. Cuando la producción se detiene, ese sistema no desaparece: se queda entero, montado y lleno. Y desmontarlo es una de las partes del vaciado que más se subestima.
Primero aislar, después abrir
Todo empieza por la parte menos vistosa: dejar el sistema sin energía y sin posibilidad de arrancar. Se corta la alimentación del grupo, se bloquea el interruptor y se señaliza. Parece una obviedad hasta que uno se imagina a alguien metiendo el brazo por un registro mientras otro, en la otra punta de la nave, prueba un cuadro para ver qué enciende. En instalaciones grandes también conviene identificar las compuertas y los registros antes de tocarlos, porque muchas se han ido añadiendo con los años y no coinciden con ningún esquema.
Con el sistema aislado se abre por partes y se trabaja de arriba abajo, que es como cae el material. Los tramos altos primero, después los verticales, luego los equipos y por último lo que está a nivel de suelo.
El interior de mangas y conductos
El material fino se pega a las paredes del conducto y se acumula sobre todo en los codos, en los cambios de sección y en los tramos horizontales, que son los que menos velocidad de arrastre tienen. Se aspira con equipo preparado para polvo fino, se recorren los codos uno a uno y se comprueba visualmente el resultado, porque un conducto puede parecer limpio desde el registro y estar cargado dos metros más allá.
Lo que nunca se hace es soplar con aire comprimido. Es la manera más rápida de dejar el conducto limpio y de convertir el contenido en una nube dentro de un espacio cerrado, que es justo lo que hay que evitar en un material combustible. Tampoco se golpea la chapa para que caiga el material: se abre y se retira.
El ciclón, el filtro y las tolvas
El ciclón es el punto donde más material queda retenido, sobre todo en el cono inferior y en la boca de descarga, que suele estar parcialmente obstruida por material compactado. Se vacía por abajo, se accede al cuerpo si tiene registro y se comprueba el estado de las paredes, porque un ciclón en buen estado tiene valor de ocasión y uno picado no.
El filtro de mangas es un capítulo aparte. Las mangas saturadas se desmontan una a una, se ensacan cerradas y se retiran sin sacudirlas dentro de la nave. Suelen ser el elemento con más material acumulado por unidad de volumen de toda la instalación, y son también el que más sorprende cuando se pesa. Debajo, la tolva del filtro y su sistema de descarga, sinfín o válvula rotativa, concentran otro depósito que hay que vaciar antes de desmontar el conjunto.
Las tolvas y los depósitos exteriores se vacían por sus bocas, y aquí conviene una precaución: un depósito grande de material fino es, a efectos prácticos, un espacio confinado. No se entra sin procedimiento, sin ventilación forzada previa y sin vigilancia desde el exterior. Es uno de los puntos donde un vaciado mal planteado se vuelve peligroso de verdad.
Desmontar la estructura
Con todo limpio empieza el desmontaje propiamente dicho. Los conductos se sueltan por tramos, empezando por los soportes y no por las uniones, con medios de elevación adecuados porque un tramo de chapa espiro de varios metros pesa bastante más de lo que parece desde el suelo. Las bridas y los soportes se van bajando ordenados en lugar de dejarlos caer, porque la chapa deformada solo vale por material y la chapa entera puede colocarse.
El ciclón y el filtro se desmontan después, normalmente con plataforma o con grúa según cómo estén anclados y si están en fachada o dentro. El ventilador y el grupo motriz se dejan para el final, y suelen ser la parte con más salida de ocasión de todo el conjunto, sobre todo si el motor está en buen estado y conserva su cuadro.
Qué destino tiene cada cosa
De una instalación de aspiración salen básicamente cuatro cosas. El material fino recogido, que se canaliza a gestor autorizado con su clasificación, porque viene mezclado con lo que haya caído a la aspiración durante años. La chapa de conductos, tolvas y ciclón, que es metal y se separa por familias. Los equipos con valor de ocasión, ventilador, motor, válvula rotativa, cuadro, que tienen comprador en el propio sector. Y las mangas filtrantes, que son residuo y salen ensacadas.
Que ese reparto se haga con criterio no es un detalle contable. Es lo que permite que una parte del trabajo se pague sola y que la otra parte tenga papeles. Y es también lo que diferencia una nave entregada con documentación de una nave simplemente vacía.
El error más común
Si tuviéramos que señalar un solo fallo repetido en las naves de esta comarca, sería este: tratar la aspiración como si fuera chatarra colgada del techo. Se corta, se tira abajo y se carga. El resultado es material fino esparcido por toda la nave, chapa inservible que podía haberse colocado entera, equipos rotos que tenían salida y un suelo que hay que volver a limpiar antes de la entrega. Todo por no dedicar dos jornadas a hacerlo en el orden correcto. En Palafrugell, donde este tipo de instalación es la norma y no la excepción, esa diferencia se nota en el resultado final y en la cifra.